Noches de Medellín Sí Cuenta

Cada día se siente una leve tensión entre quienes madrugan antes del espectáculo, ellos, los artistas, llegan cada tarde con una cara de alegría, pero con un toque de nerviosismo, que hace pensar que sus cuerpos por dentro están más apresurados de lo normal; se ven de un lado a otro, algunos despistan sus temores con un café, otros hablan más de lo normal, incluso se ríen de todo lo que pasa a su alrededor, pero sin desviar su atención en lo que acontecerá dentro de unas horas.

A pocos minutos, antes de comenzar el evento que todos esperan, se realizan las reuniones de costumbre, los logísticos dividen sus responsabilidades y cada uno se apodera de su trabajo, mientras que en la sala Héctor Darío Echavarría Ríos “Guineito” están los cuenteros de la noche acordando quién abrirá con su espectáculo y de parte del director artístico del festival, se indican las condiciones de participación de cada narrador.

El reloj marca las siete en punto y suena el tercer timbre para entrar a la sala, se organizan las filas de ingreso, cada persona acompañando a un cuentero y otras que simplemente llegan como cada año al Festival, por tradición. Al ingresar todos se ubican estratégicamente, buscando el mejor lugar, pero cuando los cuentos llegan a los oídos de todos, cada rincón de la sala se convierte en un lugar mágico, lleno de fantasía, de alegrías y tristezas, de angustia y risas, de tantos sentimientos que sólo quienes lo viven, podrán dar testimonio de lo maravilloso que son las historias.

La noche termina con un colorín colorado y con un ganador del voto del público, quienes aportan una valoración de los espectáculos, para que después los jurados deliberen y escojan los mejores tres de cada categoría. Así se cierran las noches de un Medellín que Sí Cuenta.

 

 

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